GUÍA PARA LOS NUEVOS PROPIETARIOS PERRUNOS

Un perro es un ser vivo, no un juguete ni un objeto, con unas necesidades básicas que deben ser atendidas, tanto de cachorro como de adulto y, por supuesto, en su vejez. Hay que tener en cuenta que un perro puede llegar a vivir más de 15 años.

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¿Perro de raza o mestizo?

Cuando elegimos un cachorro de raza la ventaja está en que podemos conocer su tenden­cia genética y su constitución física en la edad adulta pero, el hecho de pertenecer a una determina­da raza no implica que todos los perros de esa raza desarrollen el mismo perfil psicológico.

Cuando tenemos un perro mestizo difícilmente podemos prever su evolu­ción física y sus tendencias instintivas, aunque está demostrado que los cachorros mestizos llegan a la edad adulta con menos problemas físicos que los de raza.

¿Criadero, tienda o refugio?

Es muy importante que conozcamos  la procedencia del animal. Existen perso­nas sin escrúpulos que abusan del des­conocimiento y la ilusión de los futuros propietarios. Actualmente hay muchas tiendas y criaderos que traen cachorros desde países del este de Europa, de donde llegan con una salud precaria y sin ningún cui­dado sanitario. Además, son separados de su madre y hermanos a una edad muy temprana y cuando llegan a la edad adulta suelen presentar problemas de comportamiento por una falta de socialización adecuada.

¿Está preparado el propietario?

Antes de adquirir un cachorro los futuros propietarios deberían reflexionar y comprobar si están preparados para convivir con él. Es importante observar los siguientes aspectos:

Tiempo disponible

El perro es un animal social que nece­sita estar integrado en un grupo y rela­cionarse con personas y otros perros. Hay que valorar el tiempo que el cachorro se quedará solo, ya que es importante controlarlo para conseguir un comportamiento apropiado. Además, un cachorro necesita salir a la calle de una forma más asidua que un adulto, que debe hacerlo al menos tres veces al día para satisfacer correctamen­te sus necesidades.

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Sexo

Los machos suelen ser más agresivos y tienden a marcar su terri­torio, mientras que las hembras son más cariñosas y tranquilas. Además, tienen diferentes procesos fi­siológicos. Durante el celo, las hembras sufren un importante cambio hormonal y los machos van tras ellas convirtiéndose en un periodo bastante engorroso que hay que pasar cada seis meses.

Necesidad de ejercicio

Cada perro posee unas necesidades de ejercicio que si no son satisfechas pue­den provocar problemas de conducta.

Espacio disponible

En función del espacio destinado al perro dentro del hogar convendrá más un perro que otro, ya que no es lo mismo tener un Dogo alemán en un apartamento que en un jardín.

Entorno familiar

Deberemos tener en cuenta si en la familia hay niños o se prevé que los haya, personas mayores, otros animales, etc.

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Educación

A partir de los 3 meses de edad ya podemos empezar a educar a nuestro cachorro recordando que una buena educación, sobre todo si está dirigida por un profesional, evita futuros proble­mas de conducta.

Cuidados e higiene

Según el perro que elijamos tendremos que tener en cuenta que hay perros que necesitan ir a la pelu­quería, otros necesi­tan un cepillado diario y algunas razas pierden mucho pelo en las épocas de muda.

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Compatibilidad psicológica y física

Debemos conocer nuestro carácter y el del perro para que exista una especie de feedback entre ambos, por lo que una per­sona muy tranquila tendrá problemas con un perro muy activo y un perro dominante no es aconsejable para una persona de poco carácter.

Además, tenemos que poder manejar al perro por lo que no es recomendable que exista una descompensación en cuanto a fuerza o peso.

Características de la raza

Es ideal conocer las características de cada raza para orientarnos sobre cuál es la que más se ajusta a nuestra forma de ser y a nuestro entorno.

Alimentación

Las necesidades alimentarias dependerán de su tamaño y/o de su actividad, por lo que es importante conocerlas antes de la adquisición.

Llegada a casa

La llegada de un cachorro a casa siempre es un motivo de alegría para la familia, pero para los pe­rros es un momento de intranquilidad ya que es la primera vez que se siente indefenso debido a que están en un lugar extraño, con personas extrañas y sin la protección de su madre ni la compañía de sus hermanos. Desde el punto de vista del cachorro, los primeros momentos de su adopción constituyen una experiencia algo trau­mática (es separado de su madre y de la camada, es llevado en brazos por personas desconocidas a un coche, un lugar que se mueve, hace un ruido te­rrible y huele muy distinto a lo que él ha conocido hasta entonces. Al llegar a su nueva casa, se encuentra en un lugar extraño, que huele diferente, y donde las personas que allí viven no paran de mo­verse, emitiendo sonidos extraños). Por tanto, al subir al coche por primera vez, es aconsejable colocar al cachorro en el suelo calmándolo con suaves caricias, estando tranquilos y evitando movimientos bruscos y tonos de voz elevados.

Momento de explorar

Al llegar al nuevo hogar es necesario que el cachorro explore todo el entorno para que empiece a familiarizarse con él y se tranquilice. Después hay que indicarle el lugar donde dormirá, animándole cari­ñosamente a que se tumbe en él. Luego hay que señalarle sus comederos con agua y comida, para que los huela y sepa dónde están. Posteriormente, cuando haya hecho su inevitable primer pipí en casa, hay que conducirlo tranquilamente a su lugar asig­nado, sobre todo sin enfadarse.

Desde la prime­ra noche, el cachorro debe aprender a dormir solo. Seguramente llorará, y la noche será larga y cansada tanto para él como para los nuevos propietarios, pero es un sacrificio que vale la pena soportar un par de días para conseguir una buena convivencia.

Fin de semana

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